La fuga de información
El descontrol de la información empeora en el siguiente estado de la información: el almacenamiento. Hoy contamos con una extensa variedad de dispositivos en donde podemos almacenar archivos y la mala práctica es no tener un control de dónde se resguardan. Es por esto que en el ámbito laboral están en boga los inventarios de información, prácticas que eran exclusivas para los bienes materiales.
Cuando transferimos, compartimos o publicamos la información perdemos por completo su control, es aquí donde comienza la pesadilla, porque otras personas pueden hacer mal uso de los contenidos: copias y accesos no autorizados a personas, correos personales, almacenamiento en dispositivos móviles, en la nube, redes sociales, etcétera.
En último lugar se encuentra el estado final de la información (la cual olvidamos frecuentemente): la eliminación. Por una parte está la práctica poco realizada del borrado seguro: ¿qué información podría obtenerse de nuestras viejas memorias USB, de los teléfonos celulares o de los servidores que se dan de baja en las empresas?; y por el otro, la dificultad de eliminar la información una vez que ha salido de nuestro ambiente de control, por ejemplo, cuando se almacena en Internet.
El problema es demasiado grande para una solución definitiva, involucra gente, tecnología, aspectos legales, de gestión, y a su vez, que las medidas precautorias no desfavorezcan el uso ágil de la información.
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